Praga, Polaroid de locura (extra) ordinaria

Así como dicen que el siglo XX comenzó en 1914 con la I Guerra Mundial, Praga para mí empezó en Krakow Glowny, la estación principal de Cracovia. Era mi primera vez en un tren nocturno y estaba en un compartiemento de tres camas con otras dos chicas, una francesa y una irlandesa que vive en España y con quien nos hicimos amigas, Rebecca. A mi me había tocado la cama de arriba de todo y me sentía adentro de un sarcófago, Becca me ofrece pastillas para dormir y me empecé a reir, porque yo ya tenía las mías (no porque no pueda dormir, soy una morsa, sino porque solía tener ataques de pánico y las tengo encima just in case), la buena onda era inevitable y arrancamos con las fotos. El viaje duraba cerca de diez horas, paró en un pueblo checo como dos o tres horas supongo que para hacer tiempo y llegar a Praga 7 y algo. La cama era cómoda y el servicio bueno, te daban un pequeño desayuno y llegó a Praha Hlavni muy puntual.

Tren nocturno Cracovia - Praga

Tren nocturno Cracovia – Praga

Había hecho el check out del hostel de Cracovia temprano y no había podido bañarme y estaba desesperada. Lo mismo Becca. En un momento, como si Moisés abriera las aguas, aparece en la estación de tren un servicio de duchas por dos euros (no recuerdo el equivalente en Coronas Checas). Teníamos que hacer el check in en nuestros respectivos hostels a las dos de la tarde y no aguantábamos un minuto mas de mugre, asique nos mandamos y que sea lo que dios quiera. Eran dos baños individuales con duchas “regenteados” por una matrona recontra amable que los hacía oler a lavandina. tiempo máximo de uso media hora, uno para cada una, mejor imposible. Jamás en la vida pensé en bañarme en una estación de tren y en la única que había visto este servicio había sido en la de Zürich, asique así arrancamos Praga, riendome sola abajo del agua pensando esa misma situación en estación Once o Constitución.

Tranvía en Mala Strana

Tranvía en Mala Strana

Quedamos con Becca en encontrarnos para hacer un walking tour pero resulta que a la Sra. Praga se le ocurrió ser un infierno de gente y nos desencontramos. Mientras recorría no podía creer tanta belleza junta. Era tan distinta a las demás, tan de cuentito, tan melancólica, tan romántica. Sos mas linda que París, le dije en voz baja, para que nadie escuche al hereje enfrentar al dogma establecido.

Desde el Puente de Carlos

Desde el Puente de Carlos

El hostel era parte de la locura, era una mansión vieja restaurada y mi habitación tenía BAÑERA. Si leyeron bien. Acá están todos del tomate me dije. Encima para ir y venir de la Ciudad Vieja (Stare Mesto) tenía que cruzar el Puente de Carlos, no podía pasarme nada mejor en la vida. Después del check in, me pongo a “whatsappear” con una amiga que estaba haciendo un recorrido parecido al mio, yo le iba pisando los talones, ella se iba y yo llegaba, ella se cagaba de calor y yo de frío. La pregunta inevitable sobre los hombres, la sentencia “todos histéricos”. Pero el famoso reloj astronómico me alinearía los astros en Praga.

Alguna calle al azar

Alguna calle al azar

Finalmente a la tarde noche nos encontramos con Becca para comer en la Plaza de la Ciudad Vieja. Mi amiga que contaba anteriormente me advirtió: “no compres por peso en la plaza porque te van a afanar”. Y la boba fue y compró por peso! No importa, ese jamón valió la catarata de “te dije, boluda!”. Cae la noche, vuelvo al hostel cruzando el Puente de Carlos, mirando el castillo iluminado, hacía frío… ¿Qué más puedo pedir? ¿Entrar a mi habitación y encontrarme que tengo un compañero más lindo que fin de semana largo con feriado puente? No, ya estaba pidiendo demasiado. Pero nada es demasiado en Praga. Y así conocí a TH, canadiense, de la Royal Canadian Air Force (de la que me regaló merchandising, un imán y un pin (!)). Su compañero de viaje había salido con la recepcionista del hostel y lo había dejado solo. No había cenado, yo sí, pero igual lo acompañé. Parecía una noche de amigos hasta que decidimos volver. Teníamos que cruzar el Puente de Carlos, uno de los mas bellos del mundo (por una de esas casualidades, lo tenía de fondo de pantalla en la computadora del laburo ¿como presagio?). Mientras le contaba que me había comprado un gorro de soldado soviético, cruzabamos el puente, las luces del castillo ya estaban apagadas, eran como las dos de la mañana, pero incluso a esa hora, en Praga nunca es demasiado. Tal vez no soportó que tenga el gorro de un ejército rival que me hizo callar con un beso, en el medio del Puente. Ese puente que había estado en mi imaginario cada día laborable que llegaba a la oficina y prendía la compu. Hacía 500 grados bajo cero, yo no había dormido por mas de 24 horas (casi que no había dormido en el tren) y era el lugar más romántico del mundo. El pibe era un crack.

El Puente de Carlos de noche

El Puente de Carlos de noche

Al otro día íbamos con Becca al Castillo de Praga, asique después de desayunar con TH fui a hacer lo planeado sin saber que no lo iba a ver más. A ellos los cambiaron de habitación y después otras malas jugadas del destino nos hicieron desencontrarnos. Además yo al otro día me iba a Viena y ellos al siguiente se volvían a Canadá. Game over. Pero como dicen los viejos sabios, “lo bueno, si es breve, es dos veces bueno”.

La zona del Castillo vista desde el Puente

La zona del Castillo vista desde el Puente

El Castillo de Praga, mas bien lo que lo rodea, es algo espectacular. Es también el palacio presidencial y llegué justo a tiempo para ver el simpático cambio de guardia. Para algunas cosas hay que pagar (por ejemplo, para entrar al callejón dorado), pero si se anda con bajo presupuesto, lo gratis basta y sobra. Creanmé que te duelen los ojos de tanta belleza. Al final de ese día, fui a despedirme de Carlos, el Puente. Había una banda de música de “folklore” checo muy buena; no me podía despegar de esa construcción milenaria, que sirve para unir a la ciudad, a viajeros extraños, a músicos que se ganan la vida con sus eventuales oyentes, al pasado con el presente, a los pintores con su paisaje.

Palacio Presidencial

Palacio Presidencial

La mañana siguiente, en el tren a Viena, recorría mis días en Praga. Así, una vez más, como al principio, me reía sola.

¿¡Más militares!?

¿¡Más militares!?

ALGUNOS TIPS SOBRE PRAGA

  • Si querés hacer el recorrido Cracovia-Praga (o visceversa) en tren (la forma más rápida y “barata”) tenés que tomar el tren nocturno. El pasaje sólo se compra en las estaciones (yo lo compré en la de Varsovia, me salió entre 60 y 70 euros, no recuerdo exactamente). NO SE COMPRA ONLINE. Lo que sí se puede comprar online en la página de Ceske Drahy (FFCC Checos) es la reserva de tu lugar. Según las comparaciones que hice con una pareja argentina que me encontré en Cracovia, la diferencia entre los asientos y las camas es cuasi inexistente, asique andate a la opción mas cómoda, el compartimento de tres camas. Y si te dan a elegir la cama, evitá la de arriba 😛
  • El transporte público es muy bueno, usé subte y tranvía. No te olvides de validar el ticket en las maquinitas a tal efecto porque son bastante controladores con el pago del boleto (no tan nazis como en Budapest pero ahí cerca andan). Si anduvieron por Suiza, Alemania o Austria, van a ver la notoria diferencia entre el relax germano y la mano dura eslava.
  • El servicio de duchas que les mencionaba al principio en la Estación Central de Praga (Praha Hlavni) es muy bueno y limpio de verdad. Había tanto olor a lavandina que cuidé de que la ropa no tocara el piso, asique si lo necesitan, no duden en usarlo.
  • Como bien dijo mi amiga y aprendí a los golpes (?) ojo con los vendedores de comida en la plaza. La comida es riquisima pero te estafan con el peso. Si querés menos de lo que te ofrecen, insistí a cara de perro que queres 100 gramos y no 200. Tantos años de ir a la feria con mi abuela y no aprendí nada!
  • Si a alguien le sirve la sugerencia, estuve en el hostel Santini, calle Nerudova 14, en la zona de Mala Strana (hermosa!) a pocas cuadras del Castillo y a pocas cuadras del puente de Carlos. Hay varias líneas de tranvía a una cuadra.

PELICULAS SOBRE LA CIUDAD

Prague Duet, o Amor en Praga trata sobre una psicóloga que va a una conferencia a Praga y conoce a un famoso escritor local, de quien se enamora. Al quedarse en la ciudad, comienza a investigar sus antepasados checos y descubre que su abuelo había sido un nazi con una tremenda conexión con la familia de su enamorado.

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