24 Horas en Varsovia

No se si a veces hago estas locuras para usarlas como excusa para volver o la adrenalina del apuro es mas fuerte. Voy a aprender a viajar lento, lo prometo. Pero tenía que pasar por Varsovia y al hacer el análisis costo-beneficio, le dí mas tiempo a Cracovia. Fueron 24 horas casi exactas. Llegué a las 12 del mediodía en el Berlin-Warszawa Express y me fui al otro día a Cracovia también al mediodía.

La señora del tapado de piel fue incluida en la foto  de modo totalmente intencional

La señora del tapado de piel fue incluida en la foto de modo totalmente intencional

El tren salía de Berlin Hauptbahnhof a las 6.30 de la mañana, hacía mucho frío y me había levantado a las 4 y algo de la mañana, cosa que solamente llevo a cabo exitosamente cuando estoy de viaje. Ningún otro motivo de la vida me hace levantar a esa hora y menos si hace frio. Además, me había dado el lujo de comprar un pasaje de primera clase, sólo para descubrir lo fieros que son los trenes polacos: compartimentos para seis personas las cuales se miran la jeta todo el viaje y tiene una mesa minúscula al lado de la ventana (los trenes checos son igual de feos). Y la primera clase no difería mucho de la segunda salvo porque te daban de comer y de tomar incluido en el pasaje. Hasta que paró en Poznan, éramos sólo una chica y yo en el compartimento asique procedí a echarme como morsa en el asiento para mí sola. Cuando paró en esta ciudad, se llenó de gente y me di cuenta que me había equivocado de asiento porque la polaca que tenía ese lugar me cagó a pedo, no le entendí absolutamente nada pero tenía razón y me cambie al asiento que me correspondía y así todos hacinados viajamos hasta Varsovia. Por suerte en el compartimento que me tocaba eran todos señores copados y que hablaban inglés.

Palacio Presidencial con velas de homenaje a Lech Kaczynski, presidente que muriera en 2010 en un accidente aéreo

Palacio Presidencial con velas de homenaje a Lech Kaczynski, presidente que muriera en 2010 en un accidente aéreo

Al bajar en Warszawa Centralna el idioma siguió siendo un problema. Necesitaba saber primero dónde comprar el pasaje del tren nocturno Cracovia-Praga y segundo dónde estaba el Hotel Marriot porque ahí estaba la parada del colectivo que me tenía que tomar hasta el hostel. Los empleados de la estación me tenían como bola sin manija hasta que pude saber lo primero y un señor mayor me ayudó con el temita del Marriot después de comunicarnos con señas y cosas incomprensibles. Pero la verdad es que los polacos son muy amables y tratan de ayudarte en lo que sea como puedan. Son muy respetuosos -salvo por la señora del asiento, pero tenía razón- y les gusta charlar. En mi ranking europeo de amabilidad (?) están segundos después de los serbios.

Llegado a la ciudad vieja, el Palacio Real a la derecha y la Columna de Segismundo a la izquierda te reciben

Llegando a la ciudad vieja, el Palacio Real a la derecha y la Columna de Segismundo a la izquierda te reciben

Llego al hostel después de subir como tres pisos por escalera, ya por poco pedía el micrófono con oxígeno de Sandro. El edificio era viejo, sabía que no me había equivocado de lugar porque estaba el cartel pero era un edificio común de departamentos donde al entrar al hostel te dabas cuenta que “el departamento” era grandísimo y no lo podías creer. Similar experiencia tuve en los hostels de Cracovia y Belgrado, me recordaban a esos edificios de Avenida de Mayo con los ascensores antiguos.

Siento que llegué hasta Varsovia sólo para ver esto!

Siento que llegué hasta Varsovia sólo para ver esto!

Varsovia es una ciudad que literalmente resurgió de las cenizas. Quedó destruida casi en su totalidad por culpa de los bombardeos de la II Guerra Mundial y fue reconstruida fielmente en las épocas de posguerra. Caminando sus calles, no te das cuenta que por ahí pasó semejante tragedia. El que fuera el Gueto de Varsovia durante la época nazi ya no existía, primero porque cuando reprimieron el levantamiento de los judíos quedó bastante arruinado y luego fue víctima de las bombas como el resto de la ciudad. También fui en busca de monumentos y estructuras de la época soviética pero no pude encontrar nada, aunque en 24 horas no se puede hacer mucho al respecto, hay que decir que algunos países del ex bloque del este quedaron bastante resentidos con el tema y mandaron todo al baúl del olvido (cosa con lo que no estoy para nada de acuerdo, la historia no se borra de un plumazo). La caída de la URSS fue un cachetazo potente en estos países y no se admitieron medias tintas: pasaron de no tener libertad o algunas libertades a tener la “libertad” de elegir entre comer o comprar sus medicamentos. No me parece que tener la libertad de elegir entre ser opositor o tener trabajo sea una genuina democracia.

La Sirena, símbolo de Varsovia en la plaza del Mercado Viejo

La Sirena, símbolo de Varsovia en la plaza del Mercado Viejo

Caminando derecho por la calle Nowy Swiat llegás directo al Palacio Real donde comienza la Stare Miasto o Ciudad Vieja. Mientras, en el camino, los faroles, los cafes y las panaderías te transportan en el tiempo. Siempre al primer lugar que voy de cualquier ciudad es a la parte vieja (de hecho, San Telmo es lo único que me gusta de Buenos Aires). Varsovia no decepciona (la Stare Miasto es patrimonio de la UNESCO). Desde que sabía que iba a Varsovia no dejaba de pensar en esos arcos que unen una casa con otra que había visto en El Pianista y por suerte pude ver en buena parte del área antigua.

Calle Nowy Swiat

Calle Nowy Swiat

Me deje llevar por los adoquines y los colores de las paredes, por los rincones que te llaman para que los descubras como si fuera la cueva de Alí Baba, por la paz que tenes en ese parquecito que mira al río Vístula. Encontré sin pretenderlo el Barbacan, la plaza del Mercado Viejo, iglesias, hasta que llegué al Monumento al Levantamiento de Varsovia el cual sí tiene un aire bastante “soviético”. El día había pasado rápido y emprendí la vuelta despacio, dejandome perder otra vez.

Perdiendome por ahí

Perdiendome por ahí

Monumento al Levantamiento de Varsovia contra los nazis

Monumento al Levantamiento de Varsovia contra los nazis

Al atardecer, desde la ventana de mi habitación, tenía una imágen cálida del Palacio de la Cultura y la Ciencia, el que fuera un regalo de Stalin a la ciudad. Funciona como centro cultural y también como mirador de la ciudad. Si bien es de la época comunista, es muy hermoso para lo que nos tiene acostumbrados la arquitectura de aquellos tiempos (a mi me atrae pero no por motivos estéticos, más bien siento que tiene algo interesante y diferente). Este palacio está al lado de la Estación Central en la parte mas moderna de Varsovia, aunque a 10 minutos en colectivo del casco antiguo. A la noche, salí a procurarme alimento y como era viernes, las calles estaban llenas de vida y de movimiento. Mesas en la calle, gente caminando por la Nowy Swiat, los faroles prendidos, Copérnico que miraba con el rabillo del ojo al KFC que tenía enfrente. Modernos, antiguos, todos juntos ahí para hacer de Varsovia una ciudad maravillosa y misteriosa.

Palacio de la Cultura y la Ciencia

Palacio de la Cultura y la Ciencia

Al otro día partía a Cracovia, un viaje muy ansiado porque eso implicaba conocer Auschwitz. En Warszawa Centralna el andén estaba abarrotado de gente que aprovechaba el fin de semana. El tren estaba atrasado y sólo podía acordarme de la maldita puntualidad suiza que me hizo perder el tren Milán-Ginebra y putear. Me puse a charlar con un pibe de tanta amabilidad un poco mas me lleva hasta mi asiento, no quería que me equivoque de vagón ni me pierda. Así son los polacos. Pensaba mientras miraba por la ventanilla en los prejuicios latinos de la frialdad y la mala onda de los pueblos del hemisferio norte, sean yanquis, canadienses, alemanes, franceses, eslavos en general y la verdad es que, a mi parecer, son eso, sólo prejuicios. No se que se pretende englobar en el término “calidez” pero es lo que yo sentí ahí y en todos mis viajes. Tener prejuicios es humano, sólo viajando uno se los saca de la mente y que mejor que una ciudad tan humana como Varsovia, que se levantó de sus cenizas, transformó el dolor en color y amabilidad y que se reconstruyó, como todos nosotros después de una mala época.

Automáticamente me acordé de la escena de El Pianista cuando se saca el papel del zapato

Automáticamente me acordé de la escena de El Pianista cuando se saca el papel del zapato

SOBRE EL BERLIN-VARSOVIA EXPRESS

Si vas desde Berlin a Varsovia, este es tu tren. Tarda 6 horas y sale desde la estación central del Berlín (Hauptbahnhof) y también para en la Ostbahnhof (cerca de la East Side Gallery, en la parte oriental de Berlín). Si pensas comprar el pasaje online, te conviene hacerlo con anticipación (buenos precios) y en la página de la Deutsche Bahn (los FFCC alemanes) ya que para comprar en la página de los FFCC polacos tenés que registrarte y sólo podes comprar tu billete 30 días antes (para Cracovia u otra parte de Polonia no te queda otra). Si tenés pensado usar Eurail, la buena noticia es que este año Polonia está incluido en el Global Pass, que es el pase mas abarcativo. Hasta el año pasado sólo podías ir a Polonia con el Regional Pass, pero eso ya se arregló este año tanto para Polonia como para los países de los Balcanes y Francia.

Los trenes polacos (así como los de Rep. Checa) están en buen estado y el servicio es bueno. Mi crítica sólo es por la disposición de los asientos que la verdad es bastante incómoda y disfuncional, hay cuatro pasajeros que se quedan sin mesa ni enchufe, asique tratá de sacarte ventanilla. Perdón si los asusté, dista mucho de ser un tren fantasma!

VARSOVIA EN EL CINE

Una de mis películas favoritas es El Pianista, dirigida por Roman Polanski y que permite ver la ciudad y su -triste- historia de una forma que te toca cada fibra del cuerpo. Seguro que muchos la vieron y coincidiran conmigo en que la escena en la que toca el piano (después de todo lo que vivió) ante el oficial nazi es una de las mejores del cine de todos los tiempos. Para los que no la vieron, acá en el trailer muestra buena parte de Varsovia y esos famosos “arcos” de los que les hablé. Hasta el “lema” de la película me hace emocionar: “la música era su pasión, pero sobrevivir fue su obra maestra”.

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