Belgrade Mon Amour

Hoy recibí una señal. Había estado preocupada por varios días por el viaje del año que viene, una mezcla de miedo y preocupación. Empezaron a asaltarme las dudas económico-financieras porque hay perspectivas muy ciertas de adelantar el viaje (se mezclaron una buena oferta a Madrid con las ganas de una amiga de acompañarme en el primer mes) y no podía dejar de pensar en que puede que falten sólo cuatro o cinco meses para irme. La cuestión es que hoy cuando me desperté tenía una solicitud de amistad en facebook de un serbio que conocí en Ginebra a través de mi amigo que vive allá. Después de un año y medio de haberlo conocido por un día y en el medio del mar de dudas, aparece esto. Él está viviendo en Belgrado actualmente (donde pienso quedarme en el marco de mi proyecto Reconstruyendo Yugoslavia) y por más que suene a pavada me sentí muy contenta. No creo en dios, no creo en lo sobrenatural, ni en el cielo ni en el infierno; pero sí creo en las señales, sí creo que todo pasa (o no pasa) por algo; sí creo que todos los que nos cruzamos en el camino están ahí por alguna razón.

Barrio bohemio de Skardalija

Barrio bohemio de Skardalija

Fuerte de Kalemegdan

Fuerte de Kalemegdan

Confluencia de los ríos Sava y Danubio vista desde el Fuerte de Kalemegdan

Confluencia de los ríos Sava y Danubio vista desde el Fuerte de Kalemegdan

Siempre pienso en Belgrado. Cuando estoy triste, cuando estoy feliz, siempre está en mi cabeza y en mi corazón. Tengo tres lugares en el mundo (uno con mar, otro con montañas y una ciudad) y Belgrado es uno de ellos. Belgrado embruja. De todos los que conozco o sé que fueron allá volvieron con sentimientos especiales y con gente querida “en la mochila”. Belgrado es ese pibe rebelde que “tiene algo” y les gusta a todas. Porque sí, Serbia es rebelde histórica, política y hasta turísticamente. Cuando decís “estuve en Serbia” muchos te miran con cara de WTF, o confunden Belgrado con Belgrano (como mi hermana).

Viktor, emblema de la ciudad y el área de Novi Beograd de fondo

Viktor, emblema de la ciudad y el área de Novi Beograd de fondo

Cúpula de la Catedral

Cúpula de la Catedral

El Bar sin nombre (Kafana "?")

El Bar sin nombre (Kafana “?”)

Antes de cruzar la frontera húngara por Röszke (hoy tristemente célebre por las situaciones que viven los refugiados que intentan pasar a la Unión Europea a través de Serbia) ya estaba desconcertada por la buena onda serbia. Mis compañeros de combi ya me habían agregado al facebook apenas pasamos la frontera, me contaban historias y hasta me ofrecieron llevarme al aeropuerto en auto el día que me tenía que ir. Recorrí sin pretenderlo el área de Novi Beograd, construída en los años ’70 con un proyecto que databa de 1948, donde predominan las viviendas. No tenía mi cámara preparada para fotografiar un bar de mala muerte llamado Peron (que en los idiomas eslavos significa “plataforma”). Llegué de noche y Ksenija, la dueña del hostel, me había dejado las llaves en el buzón del correo, nunca había visto algo así, ese nivel de confianza en el otro estaba fuera de mis parámetros. Tenía el hostel para mí sola, no había nadie mas.

Casa de las Flores - Mausoleo de Tito

Casa de las Flores – Mausoleo de Tito

Casa de las Flores

Casa de las Flores

Al otro día llega Ksenija llega para conocerme. Me preparó café y nos pusimos a hablar de la vida, tanto colgamos que casi se me va el walking tour. Corro al walking tour que empezaba a una cuadra, tomamos rakija (me curo el dolor de garganta asique cualquier cosa que les digan sobre las propiedades de la rakija, es verdad), escuchamos historias increíbles, vi una mezquita por primera vez. Después seguía el walking tour comunista donde fuimos a La Casa de las Flores, donde descansa el Mariscal Tito y recorrimos puntos clave en la historia yugoslava. El guía Zeljko sin bien no podía decirlo abiertamente, es un yugonostálgico (*) y pegamos onda con eso, tanto que a la noche salimos a tomar una cerveza a la Kafana SFRJ y me regaló dos postales “yugoslavas”. Me había conocido hacía unas 8 horas. Esto es Serbia señores.

Parlamento Nacional de Serbia

Parlamento Nacional de Serbia

El camino desde la Trg Republike (la Plaza de la República) hasta la Kafana fue la confirmación de que uno debe confiar en la propia intuición. Había visto “Búsqueda implacable”, estaba en una ciudad casi desconocida, de noche, con un tipo que había conocido hacía algunas horas y que pal colmo no me quería decir a dónde íbamos porque me quería dar una sorpresa. Con todo ese packaging mental (?) todavía conservaba tranquilidad porque sabía que no había nada malo ahí. Cuando por fin llegamos y veo el nombre del bar me empecé a reir. Era un bar para yugonostálgicos. Este chabón es increíble. Hoy con mi amigo Zeljko voy hasta el fin del mundo con los ojos cerrados. No es país para desconfiados.

Plaza de la República y Teatro Nacional detrás. El señor de la estatua es el Príncipe Mihailo Obrenovic

Plaza de la República y Teatro Nacional detrás. El señor de la estatua es el Príncipe Mihailo Obrenovic

La lluvia me esperaba en Zemun, en las afueras de Belgrado que solía ser una ciudad en sí misma antes de la II Guerra Mundial. Hoy es un municipio mas de la ciudad de Belgrado. Tomé el colectivo 84 que me llevó por la avenida Boulevard Nikola Tesla, donde se encuentra el Hotel Jugoslavija, una mole gris inagurada en el ’69 siendo uno de los hoteles mas importantes de Belgrado junto con el Moskva. No fue muy productivo mi paseo por Zemun, el walking tour sólo se hace los sábados asique me volví con ganas de mas. Aun así aproveché para almorzar a orillas del Danubio por la módica suma de 10 euros (bah, su equivalente en Dinares). Ahí me encontré con el pan mas rico que comí en mi vida.

Almuerzo a orillas del Danubio en Zemun

Almuerzo a orillas del Danubio en Zemun

Zemun - boutique peronista

Zemun – boutique peronista

Mi despedida de la ciudad también fue con lluvia. Gris, triste. El viaje se terminaba (me quedaba un día más en Roma y luego la vuelta) y en Belgrado había dejado demasiadas cosas como para irme satisfecha. Miraba triste por la ventanilla empañada del colectivo A1 camino al aeropuerto. Solamente me había sentido así de triste cuando dejé Estados Unidos, un viaje que había tenido mucha carga afectiva.

Zemun

Zemun

Esta es nuestra historia de amor. Y creo que es correspondido. Belgrado es una frazada que te protege del frío. El es paraguas que te protege de la lluvia. Es el sol en invierno. Es la rakija que te cura la garganta, es ese amigo que te lleva a tomar una birra por mas que sea martes y al otro día tenga que laburar, es esa amiga con la que podes hablar de cualquier cosa. Somos dos amantes separados por un océano que no vemos la hora de vernos otra vez y quedarnos mas tiempo abrazados…

(*)Yugo Nostalgia: afecto por todo lo relativo a los ideales de la Yugoslavia de Tito (hermandad y unidad, socialismo autogestionario, multiculturalidad, etc). Va desde iconografía hasta grupos musicales y parques temáticos.

RECOMENDACIONES BELGRADENSES

  • Cómo llegar: en tren nocturno desde Budapest (tarda mínimo 12 horas); en combi servicio puerta a puerta desde/a Budapest, Zagreb, Sarajevo, Skopje, Timosoara y algunas ciudades griegas, la compañía es Gea Tours y tiene buenos precios.
  • Por avión al aeropuerto Nikola Tesla, la forma mas barata de llegar al centro de la ciudad (o ir al aeropuerto) es tomando el colectivo A1 en la puerta de las llegadas internacionales y para ir en la Plaza Slavija o en la estación de trenes. El pasaje sale 300 dinares que se le pagan directamente al chofer. El viaje es de aproximadamente una hora.
Horarios del colectivo A1 de/al aeropuerto

Horarios del colectivo A1 de/al aeropuerto

A1 saliendo del Aeropuerto

A1 saliendo del Aeropuerto

  • La mejor forma de conocer la ciudad y sus historias es a través de los chicos de Belgrade Walking Tours.
  • El hostel donde me hospedé es el Olive Hostel Belgrade, a una cuadra de la Plaza de la República y a 20 metros de varios colectivos. Justo en el centro de la ciudad.
  • Para el transporte público se necesita una tarjeta de cartón que venden en los kioscos. Me tocó un control en el colectivo pero no son mala onda como en Budapest con la gente que no paga (¡igual paguen el boleto!).
  • Pero el mejor consejo que les puedo dar, es que si van a Europa, incluyan Belgrado. Gracias, de nada.
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