Roma II – Una atea en el Vaticano

“Bizarre travel plans are dancing lessons from God”

(Kurt Vonnegut)

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¿Cómo convive el ateísmo ferviente con la fascinación por las religiones, los templos y el arte religioso? ¿Con qué cara puedo contar que me negué orgullosamente a los 8 años a tomar la comunión si engrosé en 20 euros las arcas del Vaticano para conocer sus museos? ¿Cómo puedo estar de acuerdo con D10S en que “ese” lugar está lleno de oro mientras los pibes se cagan de hambre y mirar hipnotizada ese mismo oro y esa misma luz que entra desde la cúpula de San Pedro que hace creer hasta al más descreído?

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Laocoonte – Museos Vaticanos

Dejemos la careteada. Me moría por conocer el Vaticano (“soy ateo pero no boludo” diría mi padre…) tanto que saqué la entrada online de los Museos Vaticanos para evitar la fila. Mi día D era el 24 de marzo de 2014 y la hora H las 10am. Caminé rápido bordeando el Tíber una mañana nublada, a lo último casi corriendo, no quería llegar tarde a mi cita con dios. Otra cosa que me fascinan son los microestados y la Ciudad del Vaticano es uno de ellos. Quería cruzar el simple límite de pintura recordando la escena de “Escarlata y Negro” donde un francotirador nazi espera paciente que un obispo que caminaba al borde de la línea pintada falle en sus pasos, se meta en territorio italiano y dispararle. En ese momento no pude detenerme mucho en la Plaza San Pedro porque iba de raje a los Museos pero la primera impresión fue increíble. No entré por la Via de la Conciliazione (de frente) sino por un costado y la cúpula era como el horizonte. Estaba apurada pero quería detenerme a leer el PAVLVS BVRGVESIVS ROMANVS que distingie a la Basílica, para mí esa leyenda incoherente era “estar en el Vaticano”.

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Patio del Cortile della Pigna

La verdad que como argentina no me sentía impresionada de compartir nacionalidad con el dueño de casa. Lo considero solamente como un Jefe de Estado (o un político, que sería lo mismo) muy hábil y más bien como argentina e interesada en la política doméstica me cuesta ver esa mutación de un Bergoglio cruzado con un Francisco conciliador y con gestos que rozan lo increíble como el reunirse con Putin por la situación siria o recomponer las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Tal vez para enterderlo, debamos tomar en consideración a quienes lo consideran peronista. Sí me impresionó el merchandising y la Papamanía reinante que pasaba de Juan Pablo II a Francisco salteando al opaco Ratzinger, a la cual también alimenté para satisfacer la voracidad de parientes y amigos que me encargaron rosarios.

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Papamanía

Si alguna vez escucharon hablar de los síndromes de Stendhal (*) o de París, no sé cómo a esta gente que estudia cosas no se le ocurrió meter al Vaticano en la lista de lugares que te generan ansiedad y aceleración del ritmo cardíaco. Me tuve que sentar un rato en el patio del Cortile della Pigna porque en serio me había agarrado un ataque de ansiedad. Después si, me metí en el Museo detrás de un hormiguero de gente (¿cómo será eso en verano?) hasta llegar a la Capilla Sixtina. Esto es simplemente sobrehumano. Un techo pintado en forma casi de historieta al que no podes dejar de mirar, buscando incesantemente a Adán juntando su dedo con el de Dios. Salí de ahí convencida de que la Capilla es un reducto en el que nos mete Dios un rato para que veamos cuán irrespetuoso puede ser el ser humano y enseñarnos a no ser como ellos: la policía pidiendole a hordas de adultos que mantengan silencio y no saquen fotos; fui una atea asqueda por las actitudes de católicos contra sus propios lugares sagrados.

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Una ventana al mundo terrenal

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Una vez terminado el museo, hay una escalera un poco extraña por la que se sale, tal vez sea la famosa Escalera al Cielo de Led Zeppelin. Ahora sí, era el turno de la Basílica, de las tumbas papales y de la Guardia Suiza. La inevitable fila no duró mas de media hora y aunque sea la sede principal de las iglesias católicas, es mucho menos impresionante de lo que esperaba, no muy diferente de algunas grandes catedrales latinoamericanas como la Primada de Bogotá. Lo que tiene este lugar es desde ya muchísima historia y mucha carga simbólica. La cúpula la hace quien es. La luz que por ahí entra hace creer al mas descreído, “acá hay algo” te decis en tu fuero íntimo. Pero como el horóscopo, esa afirmación la olvidé a los diez minutos.

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Stairway to Heaven (or to hell, porque es descendiente)

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¿No serías capaz de creer en cualquier cosa?

Y así de vuelta en el límite pintado, ese pequeño trazo de neutralidad que salvó a algunos de una muerte segura, donde se tejieron las tramas mas oscuras de la historia de la Humanidad, ese simple límite de pintura que puede poner en duda aunque sea un ratito los valores con los que creciste y bajo los cuales vivís, dejé atrás mi propia neutralidad sobre el catolicismo. Aunque nunca tuve neutralidad alguna sobre los temas que nos mueven a los humanos desde los principios de nuestro tiempos, así nomás, me fui esfumando por la Via della Conciliazione hasta volver al Tíber. Me fui con el ateísmo siempre firme, pero con ganas de ir a buscar la iglesia de Santa Cecilia en Trastevere. Porque somos humanos y tenemos contradicciones.

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Via della Conciliazione

(*) “Había llegado a ese punto de emoción en el que se encuentran las sensaciones celestes dadas por las Bellas Artes y los sentimientos apasionados. Saliendo de Santa Croce, me latía el corazón, la vida estaba agotada en mí, andaba con miedo a caerme“. (Stendhal, “Nápoles y Florencia: un viaje de Milán a Reggio”)

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La Guardia Suiza al atardecer

CONSEJO FUNDAMENTAL

La fila para entrar a los Museos Vaticanos puede ser, si se me permite el chiste fácil, infernal. Gente parada por horas incluso sin poder entrar. Lo mejor que podes hacer es invertir 4 euros más y comprarla por internet en la página oficial de los Museos donde podés elegir fecha y hora de tu visita. La más popular es la que te permite ingresar a los Museos y a la Capilla Sixtina pero además hay otras cosas para elegir y visitar. El ticket puede comprarse hasta con 60 días de anticipación y te lo envían al mail. Una vez dentro, tenes que canjear ese ticket por una tarjetita con la imágen de Platón y Aristóteles que ilustra La Escuela de Atenas.

 

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24 Horas en el Lago di Como

Técnicamente no fueron 24 horas sino una escapada desde Milán saliendo por la mañana y volviendo a la noche. Aunque no haya sido mi ciudad favorita, debo decir que Milán, al ubicarse en el centro del norte de Italia, es un muy buen lugar para hacer base y poder recorrer los lagos (Como, Garda) u otras ciudades como Bérgamo o Turín. Además, tiene la mejor conectividad ferroviaria con Suiza, pudiendo tomar el tren directo a Ginebra o a Zúrich en la Estación Central (Milano Centrale).

Por las calles de Como

Por las calles de Como

Uno de los pueblos que rodean el lago

Uno de los pueblos que rodean el lago

Para ir hasta la ciudad de Como hay que tomar el tren en la estación Milano Nord Cardorna (no confundir, no hay trenes a Como desde la Estación Central), enfrente hay un Carrefour por si quieren abastecerse. Salen trenes cada hora, el boleto sale 4.50 euros y el viaje dura aproximadamente una hora. El destino final es la estación Como Nord Lago que está a 150 metros del lago. Es una ciudad muy chica por lo que para recorrerla no hace falta transporte público. Del lado trasero de la estación podemos encontrar la Piazza del Duomo, la Catedral, el Palazzo del Broletto, una pequeña feria, restaurantes y muchas cosas lindas para ver.

Navegando

Navegando

Llegando a Bellagio

Llegando a Bellagio

Una vez que recorrimos, mi recomendación es dirigirse hacia el lago donde se encuentra la oficina de Navigazioni Lago di Como desde donde salen los barquitos que navegan el lago parando en los diferentes pueblos que lo rodean. Yo quería conocer Bellagio. El barco que se dirige a Bellagio sale aproximadamente 15 euros por viaje y para en los pueblos de Lezzeno y Lenno (que se veían muuuy lindos!). El viaje ida y vuelta puede ser algo caro pero realmente vale la pena.

Por las calles de Bellagio

Por las calles de Bellagio

Otra opción es ir por tierra rodeando el lago, ya sea en auto o en el colectivo C30. Este último bordea el extremo derecho del lago viajando desde el centro de Como hasta Bellagio tardando una hora y diez minutos aproximadamente.

Una de mis favoritas

Una de mis favoritas

Una vez en Bellagio, no duden en caminar. Es un pueblo con muchas subidas y dificil para bicicleta. Estamos cerca de la frontera con Suiza y es notable: su paisaje y su tranquilidad son de estilo más helvético que italiano. Realmente es un pueblo de cuento, lago, los Alpes de fondo, callecitas estrechas y edificios impecables. En el muelle hay una pequeña oficina de turismo de donde pueden sacar folletos para armarse un recorrido y no perderse nada, aunque siendo tan chico es bastante difícil dejar algo en el tintero… ahora, que uno se quiera quedar para siempre es otro cantar.

Enjoy the Silence

Enjoy the Silence

Para emprender la vuelta a Como, volvemos al punto de partida: el muelle de Bellagio donde se pueden averiguar los horarios y comprar el boleto. Para matar la espera, nada como quedarse retozando en la Costanera del lago escuchando sólo los pájaros y el agua. También, por supuesto, está la opción de volver por tierra con el bus C30.

Calle Salita Mella

Calle Salita Mella

Una vez en Como y para retornar a Milán, nos dirigimos nuevamente hacia la estación Como Nord Lago. Casi que no hace faltan mapas para recorrer la ciudad, una buena opción para dejarse perder un poco y también una buena opción para escapar de la gran ciudad.

Con esta vista me despedí de Bellagio

Con esta vista me despedí de Bellagio

Roma, fatto in casa (Parte I) – La musica delle parole

No hay nada más argentino que Italia. O no hay nada más italiano que Argentina. Roma me pareció tan familiar que me daba la sensación de no haber salido de Buenos Aires. Era tan fatto in casa como las pastas del domingo. Los romanos hablan fuerte en cualquier ocasión: en el subte, en la calle, por teléfono, putean al que maneja mal (entiéndase que puteador y puteado manejan mal ambos), les encanta comer bien, abundante con amigos, familia y si es posible, todo fatto in casa. No es cliché como yo creía, en mi último día comprobé que era todo cierto, tan cierto como extremo, como voy a contarles en la Parte III.

Bebedero en Trastevere

Bebedero en Trastevere

Trastevere al azar

Trastevere al azar

Sin quererlo, me salí de los cánones de hospedarse en el centro y tenía el hostel en la zona de Trastevere y aunque Roma es del todo impresionante, Trastevere fue lo que más me gustó. Significa “atrás del Tíber”, atrás del río que cruza la ciudad y a quince minutos de caminata al sur de la Ciudad del Vaticano, ambos en el mismo márgen. Si bien la zona es más “nueva” que la Roma del Coliseo y de Foro, hoy en día parece más antigua que el centro de la ciudad.

Volviendo por una calle cualquiera (resultó llamarse Via del Mascheroni) encontré esta maravilla

Volviendo por una calle cualquiera (resultó llamarse Via del Mascheroni) encontré esta maravilla

Dejé las cosas en el hostel y salí a perderme. no tenía planes. Ya era de tarde y recién empezaba la primavera, era sábado y tenía algunas horas de luz a mi favor. Cuando digo que salí a perderme fue un poco literal porque en mis primeros pasos en Trastevere me fui más atrás del río todavía cuando lo que quería hacer era cruzarlo. Quería llegar a Campo de’ Fiori, quería comer y presentía que ahí estaba el santo grial del mangiare aunque antes y ya que estaba oscureciendo, quería seguir el consejo que me habían dado: “tenés que ver la Fontana di Trevi de noche y de día”. Fui a dejar mi moneda haciendo trampa porque sabía que iba a volver. En una ciudad tan asociada con lo celestial, la Fontana di Trevi era la representación del infierno: gente por todos lados, mucha, agolpada. Aun así, siempre hay un hueco para poder tener la foto, tirar la moneda e incluso sentarse un rato. Después de encontrar una panadería, comprar un sandwich de queso, jamón crudo, brócoli y un pan medio dulzón pegué la vuelta entre la multitud del Campo de’ Fiori. Ya era bien de noche.

Fontana de noche...

Fontana de noche…

...Fontana de día

…Fontana de día

SALÓN COMEDOR FOTOGRÁFICO

Vidriera

Vidriera

Campo de' Fiori

Campo de’ Fiori

Restaurant algo típico

Restaurant algo típico

Gelatto

Gelatto

Panqueque con nutella y nueces con el Campo de' Fiori de fondo

Panqueque con nutella y nueces con el Campo de’ Fiori de fondo

Restaurant en Trastevere

Restaurant en Trastevere

Al otro día, la lluvia fue mi compañera. Bocca della Verità, Foro Romano, Coliseo, Foro de Trajano, Altar de la Patria, la Fontana di Trevi, Piazza Spagna, Piazza Navona, Piazza del Poppolo. Creo que la mayoría sabemos o nos imaginamos qué hacer y ver en Roma. Descúbranla por ustedes mismos. Enamorense. Pierdanse. Escuchen conversaciones ajenas. Cuando escucho hablar a los italianos me acuerdo de la escena de Bastardos sin Gloria cuando Hans Landa reclama escuchar la musica delle parole (la música de las palabras), porque hablan musicalmente, gesticulan hasta que no pueden mas y no querés dejar de escucharlos nunca. Me encanta cantar a los gritos la parte de Pavarotti en “Miss Sarajevo” o algún tema de La Pausini cuando hago limpieza general. Ojalá el idioma oficial del mundo fuera el italiano.

Panorama lluvioso

Panorama lluvioso

Después de la lluvia...

Después de la lluvia…

Peluquería

Peluquería

Empezar Europa por Roma y no por Madrid/Barcelona como hace el grueso de los argentinos fue la mejor decisión. Si, es una ciudad llena de turistas pero si afinan el oído y agudizan la vista van a ver (y oir) lo que les digo. Ese gen italiano que tiene el argento aun viniendo de otro orígen y lo más hermoso, la música de las palabras. Y no les estoy mintiendo. Como prueba a mi favor les puedo decir que la Bocca della Verità no me mordió la mano. (continuará…)

La Boca de la verdad. Cuenta la leyenda que si mentías y ponías tu mano en la boca, eras mordido por esta piedra antigua.

La Boca de la verdad. Cuenta la leyenda que si mentías y ponías tu mano en la boca, eras mordido por esta piedra antigua.

ALGUNOS DATOS PRÁCTICOS

  • Para ir desde el Aeropuerto de Fiumicino al centro de la ciudad tienen buses hasta la estación de Termini, combis puerta a puerta y un tren llamado Leonardo Express, que si bien es un poco caro, viajan hasta Termini directo sin paradas. Desde Termini tienen muchas opciones de transporte para llegar al destino final.
  • Con una misma entrada acceden al Coliseo, al Foro Romano y al Monte Palatino. Para evitar espera recomiendo comprar el ticket en la entrada del Foro Romano ya que obviamente el Coliseo es el que atrae más gente. Creo que en este caso no es conveniente comprar el ticket online con anticipación, además no tienen página oficial.
  • Trastevere además de ser hermosa porque sí, está muy bueno para encontrar todo tipo de lugares para comer y tomar. No se si es más linda de día o de noche, es una decisión que no podré tomar jamás. Otro lugar buenisimo para comer, mas que nada al paso, es el Campo de’ Fiori. La carne es cara asique vayan bien comidos antes de partir de Argentina.
  • Los controles migratorios en Fiumicino parecen bastante relajados. Entré por ahí dos veces, con poca y mucha gente y me sellaron la entrada sin pedirme absolutamente nada. Igualmente, vayan con las cosas en regla (seguro de viaje, etc…) por si acaso.

A ROMA CON -MUCHO- AMOR

Es una triste ironía que me guste tanto el idioma pero no el cine italiano. Por eso, mi película favorita sobre la ciudad es “To Rome With Love” de Woody Allen. Son varias historias que tienen lugar en la ciudad. Si bien siempre asociamos a Woody Allen con Nueva York, últimamente se dedicó a hacer algunas películas en diferentes ciudades y llega a retratarlas muy bien (Vicky Cristina Barcelona; Medianoche en París; Match Point). Está de mas decir que el personaje que hace Roberto Benigni (Leopoldo Pisanello) se come la película.

Milán, la prueba de resistencia

Hoy hace un año que aterricé por primera vez en Europa. El vuelo directo desde Buenos Aires me dejó en Roma, donde empezaba y terminaba mi travesía de 35 días. Pero antes de empezar por el principio, quería hablar de Milán, no porque tenga algo en especial (de hecho fue la ciudad que menos me gustó) sino porque fue una prueba de resistencia hasta el último minuto -literalmente- y creo que son cosas que necesariamente tenemos que vivir cuando viajamos. No voy a decir que la pasé mal ni que me pasó algo malo porque estaría siendo caradura, pero hay ciertos percances que si no tenes la “personalidad” necesaria, te pueden bajonear el viaje. Pero no a mi. Conmigo no, Milano.

Il Duomo

Il Duomo

Ya tenía comprado desde Buenos Aires el pasaje de tren Florencia – Milán e iba para allá porque vive una amiga, la cual estaba en Australia en ese momento y no conseguía vuelo de vuelta (es azafata, por lo tanto tiene el beneficio de viajar gratis si consigue asiento). De esto me entero menos de una semana antes de llegar a Milán (o sea en Roma) y me vi obligada a reservar hostel por 35 euros la noche. Por lo menos incluía el desayuno y la cena y el dueño era fanático de Argentina asique me encontré con fotos del Diego y con yerba para el mate.

El famoso Teatro alla Scala

El famoso Teatro alla Scala

Cuando llego al hostel me siento a llenar el formulario correspondiente en el bar y me pongo a charlar con dos nativos que estaban tomándose una cerveza. Eran cocineros en un hotel y uno de ellos me dió ganas de seguir quedándome de charla pero me llama la recepcionista para ir a la habitación. Me demoró y cuando bajo ya tuvieron que irse a su trabajo, pero me dejaron una cerveza paga y una notita escrita en un sobre de azúcar que todavía conservo. Los hombres del norte de Italia son todos modelos de Dolce & Gabbana, están ahí como inalcanzables y yo en jogging me sentía Wanda Nara.

El sobrecito de azúcar en cuestión

El sobrecito de azúcar en cuestión

Un cambio de planes pero que tenía de cierta forma previsto. Tres días en Milán es una guasada. Sólo lo había programado así por mi amiga y porque teníamos pensado ir a Venecia pero cambié por pasar el día en el Lago di Como (más barato y más cerca) y no me arrepiento en lo mas mínimo y ya hablaré de esto en otro post.

Casa de sombreros y afines en la Galeria Vittorio Emmanuele

Casa de sombreros y afines en la Galeria Vittorio Emmanuele

Como decía, tres días en Milán es una guasada y la ciudad la recorrés en cuatro horas. Incluidas las vidrieras que mirás si te gustan las cositas lindas de Prada y D&G como a mí, en la Galeria Vittorio Emmanuele y en la Via della Spiga. No se si era porque venía de la región de la Toscana donde la comida es espectacular pero ni comida rica pude encontrar en Milán.

Vidriera de zapatos en la Via della Spiga

Vidriera de zapatos en la Via della Spiga

Después de recorrer la ciudad el último día, me quedó la tarde libre y por ansiosa (por no esperar a llegar a lo de mi amigo en Ginebra) dejé la ropa para lavar. La secadora del hostel funcionaba mal, me dieron la ropa como a las 10 de la noche, húmeda, asique mi parte de la habitación parecía una tienda de gitanos. Por lo menos no me cobraron.

Castello Sforzesco

Castello Sforzesco

Justo esa madrugada, JUSTO, cambiaba el horario en Europa. Yo tenía el despertador puesto temprano porque mi tren a Ginebra salía 08.25. Como nunca había tenido smartphones y acá en Argentina hace rato que no cambiabamos la hora, no sabía que el aparatejo en cuestión cambiaba solo la hora, asique el despertador en vez de a las 6 me sonó a las 5. Bajé a desayunar sólo a pasar papelón con el pibe mala onda que estaba acomodando las cosas para el desayuno que sería una hora después (él me explicó lo del cambio automático en los smartphones) asique volvió el perro arrepentido a descansar una hora mas. Me levanto a horario, salgo a horario, era domingo y el transporte público no pasaba tan frecuente pero aun así llegaba a Milano Centrale.

¡A subir que se acaba el mundo!

¡A subir que se acaba el mundo! – Milano Centrale

Milano Centrale, sos muy linda, muy glamorosa, pero tenés dos millones de escaleras. Iba corriendo con el pulmón en la mano eran 8.23. Vamos que llegás. Casi que llego al andén y veo al tren que arranca. Adiós Ginebra. Adiós pasaje comprado con anticipación por la módica suma de 22 euros. Me agarré la cabeza como si hubiera perdido la final del Mundial o algo así. Me quedé helada por un par de minutos, no podía creer que me estaba pasando ESO a MÍ. Voy abatida a la oficina de Trenitalia a ver qué onda. El próximo tren salía en cuatro horas: alivio. La jodita salía 78 euros: desazón. Eso si, en la oficina de Treintalia me atendieron super bien. Yo y mi maldita manía de ver el lado luminoso de la vida (?).

Ese no lo perdí...

Ese no lo perdí…

Fueron las cuatro horas mas largas de mi vida, de las cuales me habré pasado dos tratando de encontrar wi-fi para avisarle a mi amigo que llegaba por la tarde. Llegó la hora, 15 minutos antes ya estaba sentada en el tren. Mejor prevenir que curar. Pero todo pasó cuando a poco de cruzar la frontera, el tren empezó a bordear los Alpes y el lago Leman. Ver eso desde el tren no tenía precio. Gracias Milán por los “malos” momentos. Porque son de los que más se aprende.

¿Dónde Voy?

Por acá anduve…

Sin título